Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Que Nina? —estaba de nuevo en el lugar de los hechos—. Al fin y al cabo, no serÃa difÃcil. Nosotros queremos justo lo contrario que ella, que es lo único que la pobrecilla puede dar. A menos que —sugirió— nos retractemos, nos echemos atrás.
Lo pensé un poco.
—Para eso es demasiado tarde. No sé si la paz de la señora Brash se ha esfumado, pero la de Nina sÃ.
—SÃ, y no hay manera de devolvérsela sin sacrificar a su amiga. No podemos dar media vuelta y decirle a la señora Brash que es fea, ¿verdad? ¡Pero imagine que Nina no lo haya visto! —exclamó la señora Munden.
—No lo ve —contesté—. No puede. Estoy seguro de que no entiende lo que queremos decir. Para ella, esa mujer sigue siendo lo mismo que antes. Sin embargo, ha recibido un golpe y su ceguera, mientras se tambalea y anda a tientas en la oscuridad, sólo hace que se sienta todavÃa más incómoda. El golpe consistió en ver que la atención del mundo se desviaba.
—De todas maneras —dijo mi interlocutora—, no creo que Nina le haya hecho una escena ni que se la llegue a hacer nunca, hagamos nosotros lo que hagamos. No irán por ahà las cosas, porque ella es tan escrupulosa como la señora Brash.
—Entonces, ¿por dónde irán las cosas? —pregunté.