Lo mas selecto
Lo mas selecto No conté cuántos segundos necesitó; sin duda, los suficientes para que yo también los aprovechara. Gané más tiempo que ella y lo más extraño de todo fue, sin duda, mi maniobra: el cálculo más rápido que, guiado por puro instinto, he hecho nunca. Si habÃa conocido al espléndido caballero representado en el cuadro y, a pesar de todo, decidÃa allà mismo ocultarlo, ello hizo que mi lealtad hacia Mary Tredick saliera a la superficie en un rápido contraataque. El rubor de sus mejillas me dio la oportunidad.
—Ah, ¡asà que lo conocÃa usted!
Vi que, por un instante, se preguntaba si no podrÃa hacer pasar su sobresalto como una muestra de placer, la alegrÃa natural al ver la nueva adquisición. Su indecisión resultaba patética y, al mismo tiempo, casi cómica. Dado que habÃa optado por cubrir las huellas de su pasado, cualquier confesión era un peligro; pero también, por seguridad, le convenÃa saber, tras tan asombrosa coincidencia, cuánto de ella sabÃan ya. Mientras tanto, lo encajaba sin darle más vueltas. Sonrió entre las lágrimas.
—¡Es magnÃfico!
Pero, como digo, le di muy poco tiempo.
—¿Quién es? ¿Quién era?