Lo mas selecto
Lo mas selecto —Mi respuesta, querida señora, es bien sencilla. Es la historia de siempre, señora Blessingbourne. Es inocente la relación cuando la heroína «sale» de la historia. Es inocente el libro cuando narra la historia de su alejamiento. Pero ¿qué demonios, si de inocencia se trata, estaba haciendo allí?
La señora Dyott se apresuró a responder también a la pregunta.
—Mira, para salir de algo tienes que haber entrado. Ahí tienes la relación. Ése es el final de la rectitud.
—¡Y es el principio de la obra!
—¿Y no se supone que, en un momento u otro, incluso las peores, abandonan la relación? —prosiguió la señora Dyott—. Pero si, mientras tanto, por poco que sea, han entrado en ella lo bastante para adornar un relato…
—Han estado en ella tiempo suficiente para sugerir una moraleja. ¡Para sugerir la nuestra! —después de decir esto y como si un repentino fogonazo de luz cálida lo hubiera movido, el coronel Voyt se puso de pie. El velo de la tormenta se había abierto y dejaba ver un magnífico atardecer arrebolado.
La señora Dyott también se había levantado y ambos aguardaron delante de su encantadora antagonista, la cual, con los ojos bajos y una sonrisa petrificada, seguía sin moverse.