Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Ella lo miró fijamente, muy pálida, y, poniéndole la mano sobre su brazo, lo retuvo dentro del carruaje pese a que ya se habÃan detenido:
—¿Para dejarme aquÃ, quieres decir?
Él apenas supo cómo expresarse:
—No me corresponde a mà decir si puedes quedarte. Eso es algo que debemos averiguar.
—Pero si me quedo, ¿terminaré viendo a papá?
—Oh, un dÃa u otro, no cabe duda. —Después Sir Claude prosiguió—: ¿Te produce tantÃsimo espanto verlo?
Maisie echó un vistazo a través de la ventanilla del carruaje: contempló un instante toda la verde extensión de Regent’s Park y, ahora ruborizándose hasta la raÃz del cabello, sintió ascender el cálido flujo incontenible de una sensación más punzante que cualquier otra experimentada hasta la fecha. Consistió en una extraña e inopinada vergüenza por haber situado en un nivel inferior, ante un tan perfecto caballero y una tan encantadora persona como era Sir Claude, a un tan cercano pariente como era el señor Farange. Recordó, no obstante, que su amigo habÃa dicho que verdaderamente nadie tenÃa miedo de su padre, y se volvió hacia él con un ligero movimiento de cabeza:
—Oh, seguramente sabré cómo manejarlo.