Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —No, cielos: papá no. Estás muy presentable asÃ, señorita, salvo por esos pelos de loca —siguió Susan—. Tu papá todavÃa no ha regresado a casa desde ayer por la noche —agregó.
—¿De dónde no ha regresado? —repuso Maisie un poco despistada y muy nerviosa. Se arregló bruscamente el cabello con la mano.
—¡Oh: eso, señorita, me pesarÃa mucho revelártelo! Prefiero arreglarte esta cinta blanca que llevas aquà atrás… aunque que me aspen si es tarea mÃa.
—Hazlo, te lo ruego. Sé perfectamente dónde ha estado papá —prosiguió Maisie impacientada.
—Pues yo en tu lugar me lo callarÃa.
—Ha estado en el club: el Crisantemo. ¡Eso es!
—¿La noche entera? ¡Caramba, por la noche las flores se cierran, ya lo sabes! —exclamó Susan Ash.
—Bueno, me da igual. —La niña estaba ya en el umbral de la habitación—. ¿Sir Claude ha preguntado por mà sola?
—Igualito que si fueras una duquesa.
Mientras descendÃa las escaleras, Maisie fue consciente de sentirse tan feliz como si de veras fuera una duquesa, y asimismo fue consciente, un instante más tarde, cuando se lanzó al cuello de él, de que ni siquiera tamaño personaje habrÃa logrado comportarse con mayor prodigalidad. Hubo, también, cierto aire de duquesa en el punzante tono con que, según juzgó, lo reconvino: