Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Y ¿ella tampoco conoce al Conde?
—¡Oh sÃ, a ése sÃ! Pero es otro asno. —Tras lo cual, abruptamente, con un semblante distinto, volvió a colocar sobre la mano de ella la suya propia que momentáneamente habÃa retirado. A Maisie le pareció incluso que él se habÃa sonrojado un poco—. Deseo ardientemente hablarte sobre el particular. Jamás debes creerte nada malo que se diga sobre tu madre.
—¡Oh, le aseguro que no lo hago! —exclamó la niña, ruborizándose ella misma hasta las pestañas en una súbita oleada de repulsa hacia semejante proceder.
Inclinando la cabeza, el Capitán elevó la mano infantil hasta sus propios labios con tanta benevolencia que la hizo desear haberse puesto un par de guantes más bonitos:
—Desde luego que no lo haces, sabiendo todo el cariño que ella te tiene a ti.
—¿Me tiene cariño? —dijo Maisie con voz trémula.
—Un cariño inmenso. Pero le da la impresión de que tú no la quieres. Debes quererla. Ha pasado por tantas cosas.
—¡Oh sÃ, lo sé! —Se congratuló de no haberlo negado nunca.