Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Oh madre, madre, madre! —sollozó. TenÃa la impresión de que el Capitán, a su vera, aunque cada vez más cordial, en modo alguno dejaba de sentirse turbado; al cabo de un minuto, empero, cuando sus ojos estuvieron más despejados, lo vio erguido ante ella, muy azorado y mirando nerviosamente en su derredor dándose golpecitos en la pierna con el bastón. —Diga que la ama, señor Capitán; ¡dÃgalo, dÃgalo! —imploró.
Los ojos azules del señor Capitán se clavaron con gran intensidad:
—¡Naturalmente que la amo, maldita sea, de sobra lo sabes!
Ante esto, asimismo ella se puso de pie: por fin habÃa conseguido extraer su pañuelo de bolsillo.
—¡Entonces yo la amo también, la amo, la amo, la amo! —declaró apasionadamente.
—¿Asà que volverás con ella?
Mirando pasmada, Maisie detuvo en el aire el embuñegado pañuelo a mitad de camino hacia los ojos.
—Ella no querrá —dijo.
—Sà querrá. Ella desea tenerte.
—¿De vuelta en casa… con Sir Claude?
Nuevamente él hizo una tregua; luego dijo:
—No, con él no. En otra casa.
Quedaron mirándose mutuamente con una intensidad nada natural entre un capitán y una niña.