Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Usted sà la ama, ¿verdad? —espetó con un trago de saliva que fue consecuencia de su esfuerzo por conducirse quedamente.
Sin duda fue otra consecuencia de la espesa niebla a través de la cual ella lo contemplaba el que como contestación a su pregunta el Capitán le dirigiera tamaña inusitada mirada borrosa. Él balbució, y sin embargo en su voz hubo asimismo el eco de un gran énfasis desmañado:
—Desde luego que siento por ella un inmenso afecto: me gusta más que ninguna otra mujer que yo haya visto. No tengo ningún escrúpulo en decÃrtelo —siguió— y me considerarÃa un ser indigno si lo tuviese. —Luego, en su propósito de mostrar que su posición era superlativamente cristalina, la hizo estremecerse, con una gentileza que ni siquiera Sir Claude habÃa sobrepasado jamás, tal como ya la habÃa hecho estremecerse con su primera catarata de confesiones. La llamó por su nombre, obteniendo asà el efecto deseado—: ¡Mi querida Maisie, tu madre es un ángel!
Fue un bálsamo casi increÃble: aplacó toda sensación de peligro y dolor. Ella se recostó en la silla, se cubrió el rostro con las manos.