Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía El tono con que pronunció esto, pese a que expresaba una resignación fruto del cansancio, que despachaba definitivamente la cuestión, transmitió tan vívidamente hasta qué punto dicho antojo no era compartido por la señora de Beale, que nuestra pequeña llegó por pura intuición a una borrosa percepción de lo inexpresado e incognoscible. O sea que la relación entre sus dos padrastros tenía un fondo misterioso; fue la primera vez que reflexionó a fondo sobre el hecho de que salvo en lo tocante a ella misma no había entre aquellos dos ningún parentesco. Para aquellos dos dicha relación sería exclusivamente aquello en que deseara transformarla cada uno, y ella dedujo que ésta, a la hora de la verdad, era la causa de que Sir Claude se mantuviera alejado de ella. ¿Temía él que ella quedara comprometida? La percatación de tales escrúpulos la hizo quererlo aún más, y se le ocurrió que ella podría simplificarlo todo mostrándole cuán poco le importaba tal riesgo. ¿Acaso no había vivido ella con ese riesgo frente a los ojos desde que tenía tres años? La posibilidad de quedar comprometido había sido el tema sobre el que más se había debatido en el hogar de los Farange, donde esa expresión siempre estaba en el ambiente y donde a los cinco años, entre estallidos de aplausos, ella la repetía como un loro. En definitiva ella era tan consciente de que una persona podía quedar comprometida como de que una persona podía ser golpeada con un cepillo o abandonada en una habitación oscura, e igualmente estaba familiarizada con el hecho de que comúnmente se afirmaba que semejantes penalizaciones resultaban muy poco efectivas. Pero lo primero era cerciorarse absolutamente de las aspiraciones de la señora de Beale. Eso hizo ella cuando le dijo solícitamente: