Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Por todos los demonios… Beale.
Entretanto él, sin advertir la presencia de ellas en medio de la muchedumbre de asistentes, ya habÃa seguido otra dirección… aparentemente por sugerencia de la morena dama. La trayectoria de ésta última era indicada, por encima de las cabezas y hombros de la gente, por una enhiesta pluma escarlata, de cuya posesión Maisie se sintió instantáneamente deseosa:
—¿Quién es ella?, ¿quién es ella?
Pero por el momento la señora de Beale sólo tenÃa atención para el conjunto formado por la pareja:
—¡Menudo embustero!, ¡menudo embustero!
Maisie caviló:
—¿Porque no está… donde se suponÃa? —Ahà habÃa sido también, un mes atrás en los Jardines de Kensington, donde no habÃa estado su madre—. Tal vez es que ha regresado —dijo.
—¡Nunca se marchó… el muy canalla!
Eso, según Sir Claude, habÃa sido también lo que no habÃa hecho su madre, y Maisie no pudo menos que experimentar un vago atisbo dé lo que una mente más curtida habrÃa denominado la forma en que la historia se repite.
—¿Quién es ella? —preguntó de nuevo.
Clavada en su sitio, la señora de Beale parecÃa abismada en la visión de una oportunidad perdida: