Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Oh sÃ, lo sé todo! —dijo, y se volvió tan radiante que su padre, al contemplarla en el espejo, se dio la vuelta y enseguida, en el sofá, volvÃa a tenerla sobre sus rodillas y volvÃa a mostrarse especialmente cariñoso. La inspiración de Maisie le dictaba, de manera poderosa, que cuanto más hablara sobre mamá menos tendrÃa que hablar sobre sus padrastros. No cesó de desear que la Condesa llegara antes de que se agotara su capacidad de protegerlos; y fue en ese instante, en Ãntima proximidad a su compañero, cuando el pensamiento escondido en el fondo de la mente de ella se desplazó hasta sus labios. Le contó que en Hyde Park se habÃa encontrado a su madre con un caballero que, mientras Sir Claude se habÃa retirado con milady, habÃa sido muy considerado y se habÃa sentado a conversar con ella; le narró la escena en tanto que el recuerdo de la promesa hecha al Capitán en el sentido de guardar secreto era barrido por la alegrÃa de observar que Beale escuchaba sin irreverentes interrupciones. Fue casi un pasmo, pero fue de veras toda una alegrÃa, poder asà inferir que finalmente papá se habÃa cansado de su ira… al menos de su ira hacia mamá. Ahora tan sólo estaba aburrido de mamá. Aquello no hizo sino volver, sin embargo, aún más imperativo el deseo de que su extinguido placer no volviera a llamear. A la niña la encantó ver cuánto podÃa ella interesarlo en su conversación; y este encanto persistió incluso cuando él, después de formularle una docena de preguntas, observó distraÃdamente y con algo de inescrutabilidad: «¡Oh, que me aspen si ella no es capaz de lograr eso!». Pues también en estas palabras hubo cierto desapego, una sabia fatiga que la hizo sentirse segura. No habÃa tenido más remedio que mencionar a Sir Claude, aunque lo mencionó lo mÃnimo indispensable y Beale tan sólo pareció mirar a las musarañas. A ella se le apareció claro que aquélla era la calma que nace de una indiferencia global, una tan grande fuente de ventajas, para ella personalmente, que si la Condesa habÃa sido la autora ella estaba literalmente dispuesta a abrazar a la Condesa. Delató dicho deseo con una anhelante pregunta sobre ella, a la cual contestó su padre: