Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¿Yo? —balbució, dándose empero inmediata cuenta de que semejante tono de desconcierto no resultaba enteramente decoroso. Se dio cuenta de ello con aún mayor vividez cuando su padre respondió, abriendo las piernas, sacudiendo la ceniza del cigarrillo y mirándose escrutadoramente —como sempiternamente estaba haciéndolo— toda la longitud de su chaleco y pantalones, que no era necesario que ella se mostrara tan apesadumbrada. Al cabo de unos pocos segundos lo que la ayudó a adoptar en mayor grado el aspecto que él deseaba fue identificar, a la preciosa luz de los esplendores de la Condesa, cuál era exactamente, con independencia de su propio aspecto, la respuesta más indicada—: Papá querido, iré contigo adonde sea.
Él le dio la espalda y se quedó de pie con la nariz orientada hacia el espejo que habÃa sobre la repisa de la chimenea mientras se sacudÃa de la barba motas de ceniza. Entonces dijo abruptamente:
—¿Sabes algo sobre la bruta de tu madre?
A la bruta de su madre fue precisamente a quien le recordó en notable medida el cariz de la pregunta: éste poseÃa el libre vuelo de los aristocráticos modos como Ida cambiaba de tercio. Junto a esta impresión Maisie tuvo una inspiración.