Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Ella fue lo suficientemente consciente de que, antes bien, su fingimiento no podrÃa complacerlo en caso de que trasluciera alguna traza —lo cual esperaba que no sucediese— de su aguda conciencia de lo que realmente él se proponÃa en este momento. ¿Acaso él no estaba intentando volver las tornas contra ella, incomodarla de uno u otro modo hasta que ella proclamase que lo que a ella realmente le apetecÃa era, pese a todos aquellos educados modales, que la dejaran en completa libertad de disponer de su propia existencia como mejor le viniera en gana? Volvió a ponerse nerviosa: la rozaba constantemente la idea de que ésta era su mutua separación, una separación para siempre, y de que él la habÃa llevado con tantos mimos hasta aquella casa tan sólo porque era importante que en semejante ocasión él se presentara a sà mismo bajo una luz lo más favorable posible. Si ella se la arruinaba con una nota discordante le darÃa ciertamente motivos de desagrado; y la niña quedó momentáneamente indecisa ante la alternativa de convenir con él en cuanto a que ella deseaba librarse de él o disgustarlo fingiendo querer permanecer con él. Conque de momento no halló más solución que lamentarse harto vulnerablemente:
—¡Ah papá, ah papá!