Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía —Sé muy bien lo que tramas; ¡no hace falta que me lo expliques a mil —Tras lo cual se encaminó derechamente hacia ella y, con una inconsecuencia que superó todo límite, la estrechó en sus brazos unos instantes y arrimó su barba contra la mejilla de ella. Entonces ella entendió cual si él lo hubiera expresado con palabras que lo que él deseaba, diablos, era que ella lo dejara partir en condiciones totalmente honorables: con toda la apariencia de virtud y sacrificio por parte de él. Fue exactamente como si le hubiese espetado: «Córcholis, burrita, ayúdame a aparecer irreprochable, a aparecer noble, sin verme obligado a soportar todas las intolerables cargas que ello implica. La incorrección no alcanza sino para uno de los dos; así que tú debes tomarla toda. Repudia a tu querido papaíto… en presencia, fíjate, de todas sus tiernas súplicas. Él no puede ser rudo contigo: eso no entra en su forma de ser; por consiguiente habrás triunfado en tu propósito de abandonarlo porque él fue demasiado generoso para portarse contigo con la firmeza, pobrecillo, que era, a fin de cuentas, su deber mostrar». Esto fue lo que él comunicó mediante una serie de tremendas palmadas en la espalda: dicha porción de su persona nunca había sido tan sacudida desde los tiempos en que Moddle la ayudaba cuando se le atragantaba algo. Tras un instante él le dio la ulterior impresión de sentirse lo bastante seguro de ella como para ser capaz de declarar graciosamente—: Bien sabes que tu madre te aborrece, sencillamente te aborrece. Asimismo he reflexionado sobre ese hombre magnífico, el individuo de quien me acabas de hablar.