Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Dios santo, mamá! —exclamó pasado un instante: lo exclamó en un tono que, mientras se ponÃa en pie como un resorte, hizo también ponerse en pie junto a ella a Sir Claude y le proporcionó a milady, a unos metros de ellos, la ventaja de una momentánea confusión. La de la pobre Maisie fue inmensa: la imprevista aparición de su madre tuvo el mismo efecto de una de esas persianas metálicas que, en sus paseos vespertinos con Susan Ash, habÃa visto caer repentinamente, tras el accionamiento de un resorte, ante resplandecientes escaparates. La luz del viaje al extranjero se extinguió de golpe; tuvo la horrenda sensación de que habÃan sido pillados; y por primera vez en su vida delante de Ida se atrevió a traducir un impulso en un acto perverso aferrando descaradamente la mano de su compañero de delito. En nada la ayudó el hecho de que al principio él semejara idénticamente trastornado por el terror: fueron unos instantes durante los cuales, en el vacÃo jardÃn con sus luengas sombras sobre el césped, el azul mar más allá de los setos y el ambiente de sobresaltada paz, los dos adultos permanecieron inmóviles cual altos vasos llenos hasta los bordes y mantenidos verticales por temor a derramamientos. Por último, con una entonación que por su inesperada suavidad intensificó el efecto de sorpresa, su madre le dijo a Sir Claude:
—¿Te importarÃa que yo hablara con ella un momentito?