Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Ante esto, su mujer salvó el resto de la distancia hasta ellos y se sentó en el banco posando una mano sobre su hija, a quien atrajo donosamente hacia sà y en quien, ante aquella cercanÃa, inició un nuevo movimiento el miedo recién experimentado, aunque ahora en una muy distinta dirección. Sir Claude, a su otro lado, retomó su asiento y sus periódicos, de suerte que los tres se agruparon componiendo un idÃlico cuadro familiar: con el vÃnculo de él, de la más extraña de las maneras, admitido casi cÃnicamente en un abrir y cerrar de ojos, y con la madre empujando acariciantemente a la hija a indecibles conformidades. Ahora Maisie sintió cuán poco eran Sir Claude y ella los pillados en flagrante delito. Tuvo la resuelta sensación de que eran ellos quienes habÃan pillado a su parienta, de que la habÃan pillado en el acto de deshacerse de su carga de una manera tan definitiva que le infundÃa una serenidad nunca anteriormente demostrada. Oh sÃ, el miedo se habÃa esfumado, y ella nunca se habÃa sentido tan irrevocablemente separada como en la presión de la posesión que ahora ejercitaba supremamente aquel brazo de Ida enfundado en un largo guante y rebosante de pulseras.
—Me llegué hasta Regent’s Park —fue enseguida la contestación de milady a Sir Claude.
—¿Quieres decir hoy?