Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —SÃ, si tienes la bondad: tal es la excepcional petición que me tomo la libertad de hacerte. —Milady habÃa descendido a una suavidad irónica merced a la cual, por un momento, la pobre Maisie se sintió desconcertada y fascinada, perpleja ante una vislumbre de algo que durante todos aquellos años habÃa asomado muy esporádicamente. Ida le sonreÃa a Sir Claude con el extraño aire que asumÃa en las ocasiones en que desafiaba a su interlocutor a mostrarse igual de risueño; sus enormes ojos, sus rojos labios, las intensas lÃneas de su rostro constituÃan un éclairage tan nÃtido y público como una lámpara colocada junto a una ventana. La niña pareció casi ver en éste el mismÃsimo fanal que le habÃa iluminado el camino a su madre; súbitamente se halló reflexionando que no era de extrañar que los hombres la aceptaran como guÃa. Asà debÃa de haber mirado mamá a Sir Claude la primera vez; aquello recobró el esplendor del periodo que los dos adultos ya habÃan dejado atrás. Asà debÃa de haber mirado también al señor Perriam y a Lord Eric; por encima de todo la imaginación de Maisie se hizo asà una idea más completa del estado de felicidad del Capitán. Nuestra pequeña se aferró a dicha visión con un súbito palpitar del corazón; se produjo un silencio durante el cual su madre la inundó con una inmensa confirmación del notable homenaje rendido por el Capitán. Tal silencio tardó tantÃsimo en ser interrumpido como para implicar que también Sir Claude podÃa no estar sino nuevamente sobrecogido ante aquel hechizo que antaño lo habÃa seducido tan intensamente; tanto es asà que Maisie casi esperó que por lo menos él dijera algo que mostrara un reconocimiento del encanto que mamá sabÃa desplegar.