Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa La afirmación puede sorprender, pero verdaderamente estas palabras fueron las más halagadoras si no las más tajantes, al menos a oÃdos de su hija, que jamás habÃan brotado de los labios de Ida; y en la hija nació un súbito deseo de que al menos por aquella vez sirvieran felizmente como pauta de conversación. Desde luego mamá poseÃa un encanto que, cuando afloraba, servÃa para explicar muchas cosas; y el único riesgo que ahora podrÃa haber en aplaudirlo estribaba en que ello pondrÃa de manifiesto lo infrecuentes que eran tales instantes. No obstante, Maisie arrostró ese peligro asintiendo cordialmente a que desde luego Ida se habÃa pegado un carrerón; e invitó a Sir Claude a delatarse conviniendo con ella en que el carrerón habÃa sido aún más tremendo que el de ellos mismos. Él pareció acoger esta sugerencia preguntando con bastante impasibilidad:
—¿Vas a volver allà esta noche?
—Oh sÃ: hay trenes de sobra.
De nuevo Sir Claude vaciló; habrÃa sido difÃcil precisar si la niña, entre ellos, servÃa más para unirlos o para separarlos. Entonces él espetó calmosamente:
—Será demasiado tarde para que andes por ahà sola. Yo te acompañaré.