Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Lo mismo que tú dices, mamá: que eres muy buena.
—¿Lo mismo que «yo» digo? —Lentamente Ida se incorporó, clavando en la niña la mirada; y a su costado y entre los pliegues del ropaje la mano que habÃa rebuscado en el monedero se sometió a una cierta rigidez de todo el brazo—. ¡Lo que yo digo es que eres una perfecta imbécil, y no toleraré que me atribuyas palabras que jamás he pronunciado! —Esto fue mucho más terminante que un simple mentÃs. En el acto Maisie no pudo menos que sentir que todo se habÃa terminado y que cualquier entendimiento habÃa cesado abruptamente. Al instante ello se vio ratificado—: ¿Quién te ha dado licencia para que me hables de él?
Su hija se puso colorada:
—Me parecÃa que él te gustaba.
—¡Él!, ¡el ser más tosco de todo Londres! —Milady volvió a sulfurarse, y en la creciente oscuridad pareció enorme el blanco de sus ojos.
A estas alturas el de los ojos de Maisie, empero, podÃa muy bien ser comparado con el de los de su madre; y al menos ahora aquélla tuvo, con la primera llamarada de rabia que jamás habÃa iluminado su cara ante un antagonista, la sensación de mirar hacia arriba con la misma intensidad con que la otra podÃa mirar hacia abajo: