Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Ahora Sir Claude estaba mirando a una joven con oscuro cabello, vestido rojo y un diminuto terrier bajo el brazo. Esta pasó al lado de ellos de camino hacia el comedor, dejando una estela de penetrante perfume que se mezcló, entre el alboroto de la sala, con el cálido aroma de la cena. Él se habÃa puesto un poco más serio; siguió sin reaccionar:
—Entiendo, entiendo. —Otras personas pasaron rozándolos; no se habÃa puesto tan serio que no pudiera verlas—. ¿Dijo alguna otra cosa más?
—Oh sÃ: muchÃsimas más.
Ante esto él tomó a mirarla a los ojos con cierta vividez, pero se limitó a repetir:
—Entiendo, entiendo.
De todas formas Maisie tenÃa ante sus ojos aquella escena, que decidió revelar:
—Tuve la sensación de que iba a darme algo.
—¿El qué?
—Un poco de dinero que sacó del monedero y que luego volvió a guardar dentro de él.
Reapareció el jolgorio de Sir Claude:
—Se lo pensó mejor. ¡Mi ahorrativa mujercita! ¿Cuánto consiguió economizar con esa maniobra?
Maisie caviló:
—No logré verlo. Era algo pequeño.
Sir Claude echó la cabeza hacia atrás y dijo: