Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¿Siguió queriéndote papá exactamente igual cuando me fui? —preguntó, bien sabedora de que aquel afecto paterno manifiestamente habÃa nacido y crecido en su propia presencia. HabÃa especulado que tal afecto, como su propia presencia y como si dependiera de ésta, bien podÃa ser sólo intermitente y durar el semestre. Papá, en cuyas rodillas iba ella sentada, rompió en una de aquellas ruidosas carcajadas tan suyas que, por muy preparada que ella estuviese, parecÃan siempre, como una jugarreta en un juego de misterio, abalanzarse y hacerla pegar un brinco. Antes de que pudiera hablar la señorita Overmore, él contestó:
—Vamos, burrita mÃa, ¿qué podÃa hacer yo mientras no estabas salvo quererla?
Ante esto inmediatamente la señorita Overmore le quitó a la niña de encima de las rodillas, y con tal pretexto ambos adultos sostuvieron una pequeña refriega alegre, de la cual captó Maisie un sorprendido reflejo en la estupefacta mirada de una anciana dama que los rebasó montada en un victoria. Luego su hermosa amiga le comentó a nuestra pequeña en tono muy serio:
—Me he propuesto hacerlo comprender que si vuelve a decirte cosas tan horrendas te cogeré inmediatamente y te me llevaré conmigo y nos iremos a vivir juntas a algún lugar donde podamos comportarnos como chicas buenas y formales.