Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía La niña no comprendió muy bien dónde estaba lo horrendo en lo que hacía un instante había dicho su padre, ya que éste se había limitado a expresar aquel aprecio que antaño su propia compañera ya había calificado como «inmenso». Para acceder mejor a la esencia del asunto Maisie se encaró directamente con él preguntando si durante todos aquellos meses no había vivido con él la señorita Overmore tal como ya había vivido con él anteriormente y tal como iba a volver a hacerlo ahora.
—Naturalmente que sí, chiquilla: ¿dónde, si no, iba a vivir la pobrecita? —exclamó Beale Farange, para aún mayor escándalo de la señorita Overmore, quien protestó que a menos que él «retirara» al instante aquella repugnante falsedad, esta vez ella no sólo iba a abandonarlo a él sino a su hija también así como a su casa y a sus hartantes problemas: todas las cosas imposibles que él había logrado encajarle. Ante aquella risueña amenaza, Beale no retiró nada en absoluto; de hecho, aparentemente estuvo en un tris de repetir sus dislates, mas la señorita Overmore dio órdenes a su educanda de no prestar oídos a aquellos chistes malos: debía enterarse de que una dama no podía quedarse de aquella manera en casa de un caballero sin disponer de un motivo extraordinariamente justificado.