Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa La señora Wix ensayó una ciega dignidad:
—¿Quién es qué, Sir Claude?
—El hombre que paga los carruajes. ¿Quién iba en el que se quedó aguardando ante la puerta de la casa de usted?
Ante esta requisitoria ella titubeó tan prolongadamente que la apiadada alma de su amiguita le echó una mano:
—No era el Capitán.
Esta muestra de buena intención, empero, no logró sino transformar la reticencia de la excelente mujer en una mirada más ambigua… además de hacer descacharrarse a Sir Claude, por supuesto. La señora Wix apeló a éste abiertamente:
—¿Realmente debo decÃrselo?
El jolgorio masculino persistió:
—¿Ella la obligó a prometerle no hacerlo?
La señora Wix lo miró con intensidad todavÃa mayor, y dijo:
—Quiero decir delante de Maisie.
Sir Claude volvió a reÃrse:
—¡Caramba, ella no puede hacerle daño al caballero de marras!
El liviano humor de estas palabras rozó, de pasada, a Maisie:
—Es verdad: no puedo hacerle daño.