Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Ya lo he reconocido: siento un terror mortal; conque dejemos en paz esa cuestión. Me parece que lo mejor será que se acuesten ambas —agregó—: han tenido un dÃa tremebundo y deben de estar brutalmente fatigadas. No deben preocuparse por mis movimientos mañana temprano. Hay un barco que zarpa a primera hora: yo ya me habré marchado antes de que ustedes se levanten; y, además, ya le habré plantado cara de un modo directo y sumamente eficaz, se lo aseguro, a la arrogante pero no absolutamente incorregible señorita Ash. —Se dirigió hacia su hijastra como para simultáneamente despedirse de ella y darle una prueba de que, a despecho de cualquier tensión o roce, seguÃan hasta tal punto unidos que por lo menos ella no tenÃa de qué preocuparse—: ¡Maisie, camarada! —Y le tendió los brazos. Con su culpable frivolidad Maisie se arrojó en ellos y, mientras él la besaba, ella eligió la suave vÃa del silencio para contentarlo: del silencio que tras aquellas batallas verbales era el mejor bálsamo que podÃa ofrecer a las heridas masculinas. Permanecieron abrazados el suficiente tiempo para reafirmar intensamente sus vÃnculos; tras lo cual se vieron separados casi a la fuerza porque se irguió la señora Wix.
Dicho erguimiento, consecuencia de un rápido retorno o una definitiva postergación del coraje, fue para formular una súplica casi abyecta: