Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Le imploro que no dé un paso tan degradante y tan fatal. A ella me la conozco muy bien, incluso aunque usted se carcajee cuando lo afirmo; por poco que yo la haya visto la he calado, la he calado. Sé lo que ella hará: puedo verlo desde aquÃ. Es un don del cielo que tenga usted miedo de ella. No tenga, por amor de Dios, miedo de mostrarlo, de beneficiarse de ello y de aprovechar la seguridad que ello mismo puede brindarle. Yo no tengo miedo de ella, se lo aseguro: ya ha debido ver por sà mismo que ahora no hay nada de lo que yo tenga miedo. Deje que vaya a verla yo: yo lo arreglaré todo y devolveré a la doncella sin que nadie le haya tocado un pelo. Deje que sea yo quien se ausente estos dos o tres dÃas, déjeme poner punto final a sus mutuas relaciones. Quédese usted aquà con Maisie, con el carruaje y las francachelas y los lujos; luego regresaré y nos marcharemos los tres juntos, viviremos los tres juntos sin nubes en nuestro horizonte. Lléveme, lléveme —insistió e insistió; la marea de su elocuencia estaba alta—. Aquà estoy; sé lo que soy y lo que no soy; pero audazmente les digo a ambos a la cara que yo les seré más útil, pero que mucho más útil, de lo que ella jamás intentará siquiera serlo. Se lo digo a usted a la cara, Sir Claude, aunque yo le deba a usted el mismÃsimo vestido que llevo y los mismÃsimos zapatos que calzo. Se lo debo todo a usted: ésa es precisamente la razón; y ¿qué otra cosa deseo sino pagárselo, y profusamente? ¡Aquà estoy, aquà estoy! —Se dejó arrastrar a un espectáculo que, combinado con la vivacidad y los adornos de la buena mujer, pareció sugerir que estaba preparada para extraños oficios y devociones, para grotescas sustituciones y reemplazos. Retocó su atavÃo mientras hablaba, insistió en la cuantÃa de su deuda—: Nada tengo que me pertenezca, bien lo sé: nada de dinero, nada de ropa, nada de atractivo, nada de nada, absolutamente nada excepto mi posesión de esta pequeña verdad intocable, que es todo aquello con que puedo cautivarlos a ustedes: el hecho de que para mà ustedes dos son más que todas las demás cosas que hay en el mundo, y de que si me dejan ayudarlos y salvarlos, hacer realidad de la única forma posible lo que ambos desean, ¡caramba, me dejaré jirones de piel en la tarea!