Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Sir Claude quedó dubitativo sin atinar con una respuesta a aquella magnificente apelación: manifiestamente trataba de encontrar alguna, y con no poca turbación e incomodidad. En esta búsqueda divagó, empero, exclusivamente por campos estériles hasta que volvió a toparse, como tan frecuente y activamente le sucedía, con la más que filial mirada de su inteligente pequeña hijastra. Esto le proporcionó —pobre varón dependiente y maleable— una salida. Aunque ella no era más que una niña, de todos modos pertenecía al sexo que podía socorrerlo. Eso fue lo que él dio a entender con una renovada invitación a acudir a sus brazos. Una vez más ella se arrojó en ellos y de nuevo ambos conversaron en silencio.
—Sé maja con ella, sé maja con ella —dijo él por último con palabras articuladas—; ¡sé maja con ella hasta un punto que ni siquiera has alcanzado conmigo! —Dicho lo cual, sin una última mirada a la señora Wix, de una u otra forma logró salir de la habitación, dejando a Maisie bajo la ligera opresión causada por aquellas palabras así como por la idea de que inequívocamente él se había escabullido otra vez.