Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —No sé qué es lo que te he revelado, preciosidad; no sé lo que te estoy revelando ni lo que el vuelco que has causado en mi existencia me ha hecho, el cielo me perdone, capaz de revelar. ¿Por ventura he perdido toda discreción, toda decencia, todo sentido de la medida y de la adecuación? Tengo la impresión de haber llegado casi a ese extremo, aunque yo fuera la última persona de quien podÃas figurarte semejante cosa. Lo he hecho ni más ni menos que por ti, guapÃsima: para no perderte, lo cual habrÃa sido peor que ninguna otra cosa; conque he tenido que pagar con mi propia inocencia, ¡aunque te parezca un chiste!, para seguir junto a ti y permanecer a tu lado. No permitas que yo haya pagado en vano; no permitas que yo me haya adentrado en vano en semejantes horrores y semejantes infamias. ¡Nunca anteriormente supe nada ni deseé saber nada sobre tales cosas! ¡Ahora sé demasiado, demasiado! —se lamentó y gimió la pobre mujer—. Sé tantÃsimo que al atender a ciertas conversaciones me pregunto adónde he ido a parar; ¡y al participar en ellas, lo cual es peor, me digo que he ido a parar lejos, demasiado lejos, del sitio de donde partÃ! Me pregunto qué habrÃa pensado yo en compañÃa de mi querida niña difunta si me hubiese visto a mà misma transgredir ciertos lÃmites. ¡Hay lÃmites que he transgredido contigo donde inmediatamente habrÃa pensado que me habÃa metido en un bonito berenjenal!… —Sólo pensar en ello la hizo sentir repeluzno—. Poco a poco he ido deslizándome por la pendiente, y todo por auténtico amor a ti; y ahora ¿qué dirÃa cualquiera (quiero decir cualquiera excepto ellos) al enterarse del rumbo que he tomado? He tenido que mantenerme a tu vera, ¿no es verdad?… y por lo tanto ¿cómo podrÃa menos que procurar que tú te mantengas a mi vera? Pero ellos no son los peores… con lo cual me refiero a que no lo es él: lo son tu horriblemente infame papá y la única persona en el mundo que tu papá habrÃa podido encontrar, en mi opinión (y no es la Condesa, vida mÃa), que fuera aún más malvada que él mismo. En cualquier caso, mientras se dedicaban a lo suyo, ya que estaban estropeándote a ti, habrÃan podido hacerlo sin tener que estropear también a una mujer decente. En ese caso yo no me habrÃa visto abocada a recurrir a las peores mañas: ¡a depositar a tus pies todo el mal que aún no habÃas conocido, o sea a sacar partido de la vileza que ya hay en ti! Lo que esta mañana me hizo perder los estribos fue observar el modo como sin parecer condenar (¡porque no lo hiciste, acuérdate!), sin embargo parecÃas saber. ¡Le doy gracias a Dios, en su misericordia, finalmente, suponiendo que ahora lo hagas!