Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Por la noche en sus habitaciones tuvieron otra extraña experiencia, en referencia a la cual Maisie no habría sabido decir posteriormente si fue al principio o a la mitad cuando su compañera hizo sonar con renovado ímpetu la nota de lo que es un sentido moral. Lo que importó fue sencillamente que esta mujer exclamó, y otra vez —a primera vista— de manera harto digresiva: «Bendito sea Dios, parece que por fin comienza a surgir!». ¡Ah, cuán extrañas las confusiones que por fin habían inducido a aquel sentido moral a comenzar a surgir! Ninguna tan extraña, empero, como las palabras de dolor, y hasta podría decirse que de rabia, con las que la pobre señora lamentó el trágico final de su propia rica ignorancia. Hubo un momento en que tomó a la niña en brazos y la estrechó tan intensamente como en los viejos días de las despedidas y retornos; tras lo cual se mostró visiblemente indecisa en cuanto a cómo indemnizar de semejantes viciaciones a aquella pequeña víctima: por todo lo que había hecho y todo lo que estaba haciendo, turbada, justificadora, suplicante, imploró comprensión, perdón e inclusive compasión: