Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Mi querida niña, a mà él me ha prometido solemnemente… infinidad de cosas; y no siempre ha cumplido sus promesas al pie de la letra. —El buen humor de la señora de Beale persistÃa en dar por supuesto el buen humor de la señora Wix, a quien trataba con una deferencia inopinadamente portentosa—. Seguro que lo mismo habrá hecho con vosotras, y no en todos los casos habrá cumplido. Pero él siempre logra compensarlo todo a su modo… y a estas alturas ya sabemos bien cuáles son sus defectos y virtudes. Hay una de sus virtudes —continuó— que vuelve todo lo demás, para nosotras, meramente una cuestión de tacto. —Apenas habÃan tenido tiempo de preguntarse cuál serÃa esa virtud cuando, como habrÃan podido decir, la respuesta se les echó encima—: ¡Él es tan libre como yo!
—SÃ, lo sé —dijo Maisie, como si, no obstante, tuviera sus propias ideas sobre el valor de aquella declaración. Por cierto que también tuvo sus propias ideas sobre lo extraño del hecho de que su madrastra hablase de aquello como si pudiera representar una novedad para ella, que literalmente habÃa sido la primera persona a quien se lo habÃa comunicado Sir Claude. Por algunos segundos, como si aún resonaran en sus oÃdos las palabras de él, volvió a reunirse con él, en el recuerdo y en el crepúsculo, en el jardÃn del hotel de Folkestone.