Lo que Maisie sabía

Lo que Maisie sabía

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—Bien, pues sólo es problema de esperar. Él no podrá pasarse sin nosotras mucho tiempo. ¡Estoy segura, señora Wix, de que él no puede pasarse sin usted Le tiene devoción; me ha hablado tanto de usted. ¡El punto hasta el que cuento con usted, o sea, hasta el que cuento con usted para ayudarme…! —fue un punto que no podía expresarlo ni siquiera todo su aire radiante. Cuanto su aire radiante no podía expresar era casi tanto como cuanto en todo caso sí podía contribuir a dotar de dimensiones cada vez más grandiosas a su presencia e inclusive a su famosa libertad; y fue esa cuantiosa masa lo que una vez más movió a sus compañeras, desconcertadas y desunidas, a intercambiar como a través de una creciente bruma señales confusas e ineficaces. Por lo menos estaban unidas en un terreno común de desprevención, y Maisie contempló desconsolada los estragos del desaliento en la señora Wix. El desaliento la había reducido a una absoluta impotencia, y, salvando que esa lobreguez se aproximaba a una completa negrura, permanecía sentada como fascinada por el gran estilo de la señora de Beale. Tales modales la habían sumido en un hondo silencio prolongado; pues lo que había ocurrido había sido lo que menos habría podido prever y frente a lo cual resultaba débil e inoperante todo el reciente rigor de que había hecho gala. Tenía que haber reaparecido Sir Claude con su cómplice o sin ella; mas nunca, nunca su cómplice sin él. A estas alturas por lo visto la señora de Beale había obtenido una ventaja en la cual podía ahondar: miró con bienhumorada reconvención a la grotesca figura muda—: ¿Realmente no quiere usted darme la mano? No importa: ¡ya terminará por reconciliarse! —Por ahora no sometió la cuestión a una prueba empírica, pasando a otros asuntos, y en vez de extender la mano la alzó con hermoso movimiento hasta su propia cabeza inclinada, posándola en una larga aguja negra que desempeñaba un papel preciso dentro de su oscura cabellera—: ¿Se lleva aquí el sombrero a la hora del almuerzo? Si están ustedes tan hambrientas como yo, no sé a qué estamos esperando.


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