Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Entonces ¿es que repentinamente ha comenzado también a adorarla a ella?
En vez de contestar directamente, la señora Wix se limitó a pestañear en confirmación de su inquebrantabilidad:
—¡Querida, qué tono el de tu pregunta! Te estás delatando.
—Y ¿por qué no habrÃa de hacerlo? Usted se ha delatado. La señora de Beale se ha delatado. ¡A todas nos llega el turno! —Y Maisie soltó la más inaudita carcajada que jamás hubiera franqueado sus infantiles labios.
En verdad los labios de la señora Wix fueron inmediatamente franqueados por un sonido aún más inaudito:
—¡Eres lo nunca visto! —relinchó.
Su educanda, aunque sin ninguna aspiración a la impertinencia, declaró con osadÃa:
—Me parece que usted ha contribuido mucho a volverme asÃ.
—Muy cierto, he contribuido mucho. —Descendió a un tono humilde, cual si se acordara de sus tan recientes autoacusaciones.
—¿Va usted a aceptarla, en definitiva? Eso es lo que le pregunto —dijo Maisie.
—¿Como sustituta? —La señora Wix le dio vueltas a aquello; volvió a enfrentarse a la mirada de la niña—: Literalmente, ella casi me ha dado coba.