Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Más joven que… no importa que quién. No sé nada ni quiero saber nada sobre él —añadió la señorita Overmore un tanto inconsecuentemente—. No es persona de mi agrado, y estoy segura, cielito mÃo, de que tampoco lo serÃa del tuyo. —Y reprodujo unos cuantos de los pródigos mimos con que casi siempre concluÃan sus conversaciones con Maisie y que hacÃan que la niña sintiera que por lo menos el cariño de ella sà era un elemento de seguridad. Los progenitores habÃan acabado por volverse ambiguos, pero evidentemente en las institutrices podÃa confiarse. La fe de Maisie en la señora Wix, sin ir más lejos, no habÃa sufrido merma alguna por el hecho de que toda comunicación con ella hubiera quedado temporalmente interrumpida. Durante las primeras semanas de su separación la mamá de Clara Matilde le habÃa escrito repetida y lastimeramente, y Maisie le habÃa contestado con un entusiasmo únicamente restringido por sus dudas ortográficas; pero la correspondencia habÃa sido debidamente pasada por el escrutinio de la señorita Overmore, con la consecuencia final de su desaprobación. El parecer de esta dama fue que al señor Farange no le agradarÃa nada aquella correspondencia, y acabó por reconocer —ya que la instigó su educanda— que a ella misma no le agradaba tampoco. Se sentÃa furiosamente celosa, dijo; y tal defecto no era sino una nueva prueba de lo desinteresado de su cariño. Tachó las efusiones de la señora Wix, además, de iletradas y perniciosas; no tuvo escrúpulo en motejar de monstruoso el hecho de que una mujer en sus cabales hubiese puesto en aquellas ridÃculas manos la formación intelectual de su hija. Maisie ya sabÃa muy bien que la propietaria del viejo vestido marrón y el anticuado peinado grotesco estaba por debajo del nivel de la señorita Overmore en cuanto a «prestancia»; pero sólo en este momento supo con dolor que también formativamente era inaceptable. La señora Wix quedó sepultada de momento bajo un concluyente comentario de su criticadora—: ¡Ni siquiera como broma serÃa ello tolerable! —Tal comentario fue formulado mientras esta encantadora mujer sostenÃa en la mano la última carta que Maisie iba a recibir de la señora Wix; y se vio reforzado por un decreto que proscribió aquel disparatado vÃnculo.