Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Mi querida hija, mi querida hija! —En un santiamén ella advirtió que él era distinto, más de lo que él sabÃa o pretendÃa. Por lo demás, al siguiente instante fue como si él hubiera advertido algo en la expresión del rostro infantil; cosa que lo hizo tenderle la mano. Entonces se acercaron, él la besó, se rió, e incluso ella creyó verlo ruborizarse; algo de su afecto tintineó como de costumbre—: Aquà estoy de nuevo, ya lo ves, tal como os lo prometÃ.
No era tal como se lo habÃa prometido: no les habÃa prometido a la señora de Beale; pero Maisie no dijo nada sobre ello. Lo que dijo fue simplemente:
—Ya sabÃa que habÃas venido. Me lo dijo la señora Wix.
—Ah, claro. Y ¿dónde está?
—En su cuarto. Me ha despertado y me ha vestido.
Sir Claude la examinó de pies a cabeza; siempre que lo hacÃa, asomaba en su rostro una expresión de suave chistosidad que a ella la encantaba especialmente, y que tampoco esta vez falló. Él alzó las cejas y los brazos para exteriorizar jocosamente su admiración: a pesar de los pesares, estaba obviamente deseoso de ejercitar su buen humor.
—¿Conque te ha vestido? ¡Ya lo creo! Te ha vestido de una manera deslumbrante. ¿No va a venir?
Maisie caviló sobre si era conveniente hablar. Finalmente lo hizo: —Ha dicho que no.