Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Entonces haré que se lo suban. ¡Madame! —Nada más llegar al pie de las escaleras, él llamó a la corpulenta patronne, una mujer que desde el industrioso y concurrido vestÃbulo volvió hacia él un rostro cubierto de reciente maquillaje matutino y una pechera tan amplia como una aterciopelada repisa de chimenea, sobre la cual su redonda cara blanca, enmarcada por dorados ricitos, habrÃa podido figurar como un vistoso reloj. Él encargó, con especiales recomendaciones, el refrigerio de la señora Wix, y fue encantador escuchar su brillante francés fluido: hasta la ignorancia de su compañerita supo apreciar la perfección con que él manejaba el idioma. La patronne, frotándose las manos e interviniendo con breves notas altas como si se tratara de un florido dúo, lo acompañó hasta la calle, y mientras continuaban hablando un momento más Maisie recordó lo que habÃa dicho la señora Wix sobre la simpatÃa que él despertaba en todos. Del maquillaje matutino, de la inmensa pechera brotó sobremanera la simpatÃa que él despertaba en la dueña del hospedaje. Evidentemente habÃa encargado algo estupendo para la señora Wix—: Et bien soigné, n’estce pas?
—Soyez tranquille —le sonrió cálidamente la patronne—. Et pour Madame?
—Madame? —hizo de eco él; aquello lo habÃa turbado un poco[25].
—Rien encore?