Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¿No has venido para verla? —inquirió al cabo de un momento—. ¿No has venido porque no puedes vivir sin ella?
Él acogió su inquisición igual que habÃa acogido su incredulidad: con una insólita ausencia de enojo.
—Por supuesto puedo imaginarme por qué opinas eso. Pero no es la auténtica explicación de mi proceder. Era, tal como hace un momento te dije en el hospedaje, real y verdaderamente a ti a quien querÃa ver.
Por unos instantes ella se sintió como habÃa solido sentirse cuando, en el jardÃn trasero de la casa de su madre, él se habÃa dedicado a empujarla formidablemente en el columpio —más fuerte, más fuerte, más fuerte— que habÃa hecho construirle para su recreo y que a la postre se rompió bajo el peso y el abusivo acaparamiento de la cocinera.
—Oh, eso me hace mucha ilusión. Pero ¿quieres decir que has venido para verme y marcharte de nuevo?
—Mi partida, ése es el problema. Aún no puedo decirte nada… todo depende.