Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¿Todo depende de la señora de Beale? —preguntó Maisie—. Ella no se marchará. —Él terminó su propio café y después, tras dejar la taza sobre la mesa, se apoyó contra el respaldo de la silla, postura en que ella lo vio sonreÃrle. Esto no hizo sino confirmarle a la niña su idea de que él se sentÃa atribulado, de que él vacilaba en su sufrimiento y buscaba soluciones nuevas. Sir Claude persistió en sonreÃr y Maisie ahondó—: ¿Es que no lo sabes?
—SÃ, bien puedo confesar que por lo menos eso sà lo sé. Ella no se marchará. Se quedará aquÃ.
—Se quedará aquÃ. Se quedará aquà —repitió Maisie.
—En efecto. ¿Te apetece un poco más de café?
—SÃ, por favor.
—¿Y otro croissant con mantequilla?
—SÃ, por favor.
Sir Claude le hizo una seña al atento camarero, que se acercó llevando en cada mano un brillante pitorro de la abundancia y haciendo gala de un cordial interés por mademoiselle:
—Les tartines sont là . —Las tazas de ambos volvieron a rebosar y Sir Claude, mientras contemplaba casi pensativamente las pompitas de la aromática mezcla, dijo una y otra vez: