Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Asà está bien, asà está bien. —Luego exclamó en cuanto se hubo retirado el camarero—: ¡Es completamente desesperante!
—¿Que ella no se marche?
—¡Diantres, todo! ¡Todo, todo, todo! —Pero se recobró; de nuevo principió a degustar su desayuno—. He venido para pedirte algo. Para eso es para lo que he venido.
—Ya sé lo que vas a pedirme —dijo Maisie—. ¿Estás segurÃsima?
—Estoy casi segurÃsima.
—Pues entonces arriésgate a decirlo. No debes dejar que yo asuma siempre los riesgos.
La impresionó la fuerza de aquella intimación, y dijo:
—Quieres saber si yo serÃa feliz viviendo con ellas.
—¿Con las dos mujeres únicamente? No, no, amigo: vous n y êtes pas. ¡Ahora te has colado tú! —dijo riéndose Sir Claude.
—Entonces, ¿de qué se trata?
Al siguiente instante, en lugar de aclararle de qué se trataba, él extendió la mano a través de la mesa y la puso sobre la de Maisie asiéndola como si se le hubiera venido a las mientes algo nuevo:
—¿SerÃa feliz la señora Wix viviendo con ella?