Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Luego ya ves que no estás dispuesta, como sà lo está ella, a deshacerte de mÃ! —Entonces retornó a su pregunta primigenia—: ¿Puedes escoger? Quiero decir: ¿puedes decidir hablando por ti misma? ¿Deseas vivir con nosotros y sin ella?
Ahora ella sintió de veras el sudor frÃo de su propio terror, y de repente le pareció comprender, tal como lo habÃa comprendido a propósito de Sir Claude, de qué tenÃa miedo. TenÃa miedo de sà misma. Lo miró de tal modo que infundió, según pudo ella ver, asombro en el semblante masculino, un asombro refrenado, empero, por su sincera voluntad de jugar limpio con ella, de no usar la autoridad, de no apremiarla ni agobiarla… de restringirse a mostrarle de un modo claro y generoso la elección que ella tenÃa que hacer.
—¿Puedo pensármelo? —preguntó Maisie finalmente.
—Desde luego, desde luego. Pero ¿cuánto tiempo?
—Oh, sólo un ratito —dijo ella con humildad.
Durante un momento él tuvo la pinta de desear considerar aquélla como la más feliz perspectiva en el mundo.
—Pero ¿qué haremos mientras te lo piensas? —Habló como si pensárselo fuese compatible con casi cualquier distracción.