Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Sin duda ya escuchaste cómo estoy tan seguro: ya la oÃste explayarse hace tres noches. ¿Qué otra cosa podrÃa hacer salvo marcharse… después de lo que dijo? He hecho aquello contra lo cual ella me habÃa prevenido… y ella tenÃa toda la razón. Asà están las cosas. Que le caiga bien la señora de Beale, como tú lo calificas últimamente, es suficiente motivo, además de otros, para hacerla quedarse, por tu bien, sin mÃ: no es suficiente motivo para hacerla quedarse, ni aun por tu bien, conmigo… para hacerla tragar, ¿no te das cuenta?, lo intragable. Y cuando dices que me tiene tantÃsimo cariño como tú, creo estar en condiciones, llegado el caso, de contradecirte ligeramente en ese punto. ¿Te quedarÃas tú con ellas dos sin mÃ? —El camarero volvió con el cambio, y eso le concedió a ella, antes de contestar tamaña pregunta, un instante de respiro. Pero una vez que se hubo retirado nuevamente tras aceptar con elegantes expresiones de agradecimiento la «propinilla» que Sir Claude le otorgó con un sutil ademán de su dedo Ãndice, éste último insistió en su pregunta mientras se guardaba el resto del cambio—: ¿AceptarÃas que ella te hiciera vivir con la señora de Beale?
—¿Sin ti? Jamás —contestó Maisie acto seguido—. Jamás —reiteró.
En él aquello suscitó un tono triunfal, y por cierto que ella misma se sintió estremecerse ante el solo sonido de su voz cuando él exclamó: