Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Y ella, ¿ha aceptado?
Sir Claude titubeó.
—¡Cuéntaselo tú! —exclamó entonces para la niña, apartándose también como para brindarle la posibilidad. Mas la señora Wix y su educanda quedaron cara a cara en silencio: Maisie más pálida que nunca, más confusa, más rÃgida y empero más muda. Se miraron una a otra intensamente, y como ninguna de ellas hablara Sir Claude tornó a intervenir—: ¿No vas a contárselo? ¿No te sientes capaz? —Maisie persistió en su silencio; de ahà que, dirigiéndose a la señora Wix, él prorrumpiera en una especie de éxtasis—: ¡No ha aceptado, no ha aceptado!
Ante esto, Maisie recobró la facultad del habla:
—Sà que he aceptado. Sà que he aceptado —reiteró.
Aquello hizo que la señora de Beale volviera junto a ella:
—¡Has aceptado, ángel mÃo, has aceptado! —Se abalanzó hacia la niña y, antes de que Maisie pudiera oponer resistencia, ya se habÃa sentado con ella en el sofá, tomando posesión de ella, abrazándola estrujadoramente—. ¡Ya has renunciado a ella, ya has renunciado a ella para siempre, y ahora eres nuestra y sólo nuestra, y cuanto antes se marche ella, mejor para todos!
Maisie habÃa cerrado los ojos, pero volvió a abrirlos al oÃr la voz de Sir Claude: