Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Era una señora Wix más novedosa que nunca, una señora Wix elevada y grandiosa; pero a fin de cuentas Sir Claude no era hombre que se dejara tratar cual niño que no se sabe la lección:
—No he destrozado nada —dijo—; antes bien, creo haber dado nacimiento a algo. No sé cómo llamarlo: ni siquiera he sabido tratarlo decentemente, acercarme a ello; pero, sea lo que sea, es lo más hermoso que he conocido en mi vida: es algo exquisito, es algo sagrado. —TenÃa las manos en los bolsillos y, aunque acaso en él todavÃa asomaran trazas de la molestia que resueltamente acababa de mostrar en el semblante, su cabeza se inclinaba con extraordinaria afabilidad hacia las dos amigas que estaba a punto de perder—. ¿Sabe usted para qué vine? —le preguntó a la mayor de ellas.
—¡Yo dirÃa que sÃ! —exclamó la señora Wix, sorprendentemente inaccesible a cualquier afán de conciliación y manteniendo en el rostro la belicosidad de su reciente discusión con la señora de Beale. Esta última dama, como si se sintiera excesivamente salpicada por tanto cambio de marea, emitió una sonora exclamación inarticulada de protesta y, quitándose de en medio, se asomó momentáneamente por la ventana.
—Vine para hacer una petición —dijo Sir Claude.
—¿A m� —preguntó la señora Wix.
—A Maisie. Le he pedido que renuncie a usted.