Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Tardó en hacer acto de presencia la respuesta de la señora de Beale, mas cuando por fin llegó fue digna:
—¡No deberÃas plantearme cosas asÃ! —Estaba atónita, estaba escandalizada hasta las lágrimas.
Para la señora Wix, empero, lo que fue indigno fue su distinción entre cosas que se le podÃan plantear y cosas que no:
—¡DeberÃa usted avergonzarse de sà misma! —exclamó rotundamente.
Sir Claude hizo un ruego supremo:
—¡Ten la bondad de dejar poner punto final a este festival de horrores!
La señora de Beale clavó en él su mirada, y nuevamente Maisie los observó.
—DeberÃa usted hacerle justicia a él —retomó la palabra la señora Wix, dirigiéndose a la señora de Beale—. Siempre hemos sentido devoción por él Maisie y yo, y él ha demostrado lo muchÃsimo que nos quiere. A él le gustarÃa hacer feliz a esta niña; le gustarÃa incluso, me figuro, hacerme feliz a mÃ. Pero no puede renunciar a usted.
Continuaron inmóviles cara a cara los dos padrastros mientras Maisie seguÃa observándolos. Dicha observación nunca habÃa sido tan honda como en este preciso instante.