Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Maisie recibió la información de que un día determinado, que cada vez se aproximaba más, su madre se presentaría en la puerta a recogerla, y esto habría ensombrecido todos aquellos días si la ingeniosa Moddle no le hubiese apuntado en un papel y con letras muy grandes y fáciles los muchísimos placeres de que ella iba a disfrutar en la otra casa. Tales promesas iban desde «el profundo cariño de una madre» hasta «un rico huevo escalfado a la hora del té», pasando por la perspectiva de poder quedarse levantada hasta muy tarde para ver a la dama en cuestión, con sedas y terciopelos y diamantes y perlas, ataviada para salir; de modo que para Maisie fue una auténtica ayuda, al llegar el gran momento, sentir cómo, merced a los buenos oficios de Moddle, le era introducido en el bolsillo aquel papel y allí su propia mano lo asía fuertemente. El gran momento iba a dejarle a ella un vívido recuerdo, el de un extraño arrebato en el salón por parte de Moddle, quien, como réplica a algo que acababa de decir su padre, exclamó a gritos:
—¡Debería usted avergonzarse de sí mismo por completo; debería ruborizarse, señor, de su proceder!
El carruaje, con su madre dentro, esperaba a la puerta; un caballero que se hallaba en el salón, que siempre se hallaba en el salón, se carcajeó con risotadas; su padre, que a ella la había tomado en brazos, le dijo a Moddle:
