Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Sin embargo no era con ellas —de eso estaban segurísimas— con quienes estaba furiosa milady, ni fue porque ésta lo hubiera decretado por lo que finalmente sobrevino un periodo —seis meses llegó a durar— durante el cual a menudo él ni siquiera se acercó a ellas en muchos días seguidos. Él se marchaba «afuera», y Ida se marchaba «afuera», y a veces se marchaban juntos y a veces separados; había temporadas en que las dos sencillas estudiosas tenían toda la casa para ellas solas, temporadas en que hasta la mismísima servidumbre parecía haberse marchado «afuera» y las comidas se convertían en una incierta búsqueda de provisiones por la bodega y la despensa. La señora Wix le inculcaba a su educanda en tales ocasiones —momentos a menudo hambrientos, en los cuales todo el consuelo de la inculcadora se hacía necesario— que la «verdadera existencia» de los señores de la casa (la brillante sociedad en que era inevitable que éstos se movieran y los complejos placeres en que era casi presuntuoso ya sólo pretender seguirlos con la imaginación) debía presentar rasgos que literalmente había que verlos para creerlos. En uno de dichos momentos le reveló a Maisie que, aunque las dificultades fueran numerosas, era la señora de Beale quien se había adueñado del cotarro. Entonces de un modo u otro la niña cayó en la cuenta de que su madrastra había estado realizando intentos por verla a ella, de que su madre se había encolerizado ante ello, de que su padrastro había apoyado a su madrastra, de que ésta última había pretendido estar actuando en representación del padre, y de que a su madre todo aquello le había sentado, por decirlo de una vez, a cuerno quemado. La situación era, como declaró la señora Wix, un embrollo de mil diablos. Su crónica de la misma le trajo a Maisie a la memoria la feliz visión del modo en que Sir Claude y la señora de Beale se habían hecho amigos: incidente sobre el cual, aunque apenas le contara nada a la señora Wix, había tenido más de una oportunidad de volver, en compañía de su padrastro, durante las primeras semanas de su estancia en la casa de su madre. Y le estaba vagamente agradecida a la señora Wix por no haber intentado, como en cambio sí que lo había intentado su madre, hacerla hablar sobre el día en que Sir Claude se había pasado a recogerla. Aquello era lo que Sir Claude había calificado como el interrogatorio cuando la había advertido de lo que iba a producirse, y también posteriormente cuando le dijo que era una «camarada» estupenda por haberlo desbaratado. Fue entonces cuando, perfectamente sabedora de que la señora de Beale no había renunciado a ella en modo alguno, la niña le preguntó si él seguía en contacto con ella y si de momento se debía dar por inviable toda relación entre su madrastra y ella misma. Esta conversación había tenido lugar con ocasión de que un día él entró repentinamente en el cuarto de estudio hallando sola a Maisie.