Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Desde un principio ha armado tanto jaleo a tu respecto —le dijo ella a Maisie en una ocasión— que le he dicho que se ocupe de ti él mismo y compruebe si tal ocupación resulta de su agrado, ¿me entiendes? He decidido lavarme las manos en lo que a ti concierne: te he cedido a él, y si estás descontenta en algo, te ruego que sea a él a quien vayas a quejarte. De modo que no me des la lata a mÃ: te aseguro que yo ya tengo encima bastantes preocupaciones. —Una de ellas, ostensiblemente, era que ahora aquel hechizo disfrutado junto a la chimenea del cuarto de estudio estaba a un pelo de romperse; otra era que se habÃa visto finalmente obligada a dejar constancia pública de la ineptitud de su marido en lo tocante a las verdaderas responsabilidades. De hecho, llegó un dÃa en que sus estupefactas oyentes se quedaron de piedra al oÃrla decir que lo que lo descalificaba era que sencillamente, ay, él no era una persona seria. Maisie lloró sobre el regazo de la señora Wix tras oÃr que Sir Claude era un frÃvolo… tomando en cuenta, además, que su institutriz sólo logró paliar a medias aquello al exteriorizar en varias ocasiones durante los siguientes dÃas su opinión de que el mostrarse despreocupado e inconsciente era propio del «periodo de la vida» que él estaba atravesando. Aquello habÃa sido propio del periodo de la vida que estuviera atravesando cualquier otra persona que ella hubiese conocido hasta ese momento exceptuando a la pobre señora Wix, y en apariencia el mérito peculiar de Sir Claude habÃa sido precisamente que era distinto de cualquier otra persona. Maisie habló con él, empero, transcurrido algún tiempo, muy libremente sobre la cuestión de su madre; con él no sentÃa en modo alguno, a ese respecto, aquel temor que la habÃa hecho guardar silencio tantas veces en presencia de su padre: el temor de cometer indiscreciones y empeorar situaciones que ya estaban mal de por sÃ. Él pareció aceptar la idea de haberse hecho cargo de ella y de haberla convertido, como él dijo, en su fuente de diversión particular; asimismo, prácticamente estuvo de acuerdo con las imputaciones de ser una lastimosa decepción y un zoquete ocioso y un bruto irremediable. Y no le dijo ni una sola palabra en contra de su madre: se limitó a permanecer silencioso y descorazonado ante la desaforada taxatividad de milady. Hubo momentos en que él mismo llegó incluso a hablar como si a aquella criatura que él habÃa cogido a su cargo la hubiera robado de los brazos de una progenitora que habÃa luchado con uñas y dientes para quedársela.