Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Maisie quedó en libertad de interpretar estas ominosas palabras según su real saber y entender. Ciertamente, en este momento sus reflexiones se espesaron con rapidez, y una de ellas la hizo sentirse segura de que su institutriz sostenía conversaciones en privado, serias y no poco frecuentes, con su denostado padrastro. A la luz de un segundo episodio, ella percibió que algo ajeno a su conocimiento había acontecido en casa. Las cosas ajenas a su conocimiento —en verdad bastante numerosas— nunca habían entrado hasta la fecha, creía ella, en la categoría de las que la tocaban más de cerca; incluso había llegado a abrigar, en el pasado, la pequeña convicción presuntuosa de tener constantemente en sus manos la clave del laberinto de su entorno. También en esta ocasión, no obstante, logró descubrir lo que se cocía… lo logró con la modesta ayuda, debe reconocerse, de la señora Wix. Inopinadamente le había sido escamoteada la ayuda del propio Sir Claude, pues el respectivo comentario de éste sobre la estratagema de milady consistió en iniciar de inmediato, completamente solo, una estancia en París, evidentemente porque deseaba hacer una demostración de carácter tras una acusación de mal comportamiento. Que él sintiera cariño por su hijastra, consideró Maisie, no quitaba que pensándolo bien él no deseara que se la endosasen de aquella forma; por consiguiente su ausencia, estaba claro, era una protesta contra tal endosamiento. Fue durante dicha ausencia cuando nuestra pequeña terminó por descubrir que lo que había acontecido en casa había sido que su madre había cesado de estar enamorada.