Otra vuelta de tuerca

Otra vuelta de tuerca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Lo que más imposible me resultaba de quitarme de la cabeza era la cruel idea de que, por mucho que yo hubiera visto, Miles y Flora veían más: cosas horribles e inimaginables que surgían del seno horrible de sus anteriores relaciones. Naturalmente, cuando acaecían, semejantes cosas producían un escalofrío que negábamos sentir a voces; y con las repeticiones, los tres estábamos tan entrenados que, cada vez, de forma casi automática, señalábamos el final del incidente con los mismísimos movimientos. Era sorprendente que los niños, aun así, me besaran inveteradamente con una especie de brutal incoherencia y nunca omitieran —uno ni otro— la preciosa pregunta que nos había ayudado a salvar muchos peligros: «¿Cuándo cree usted que vendrá? ¿Cree que debemos escribirle?» Sabíamos por experiencia que no había nada como este interrogatorio para deshacernos del embarazo. Se referían, por supuesto, a su tío de Harley Street; y vivíamos en tal irrealidad que en cualquier momento hubiera podido llegar a incorporarse a nuestro círculo. Era imposible haber desalentado el entusiasmo menos de lo que él lo había hecho, pero si no hubiéramos contado con aquel recurso para apoyarnos, nos habríamos privado mutuamente de parte de nuestros mejores espectáculos. Nunca les escribía, lo cual tal vez parezca egoísta, pero formaba parte de su aduladora confianza en mí; pues una de las formas de rendir un hombre homenaje a una mujer consiste en consagrarla a las sagradas leyes de su bienestar; y yo sostenía que estaba cumpliendo con el espíritu de la promesa dada de no recurrir a él cuando daba a entender a mis alumnos que sus cartas solo eran encantadores ejercicios de estilo. Eran demasiado bellas para ser echadas al correo; me las quedaba yo; todavía las tengo todas a estas alturas. De hecho, era una regla que solo aumentaba el efecto satírico de mi suposición de que en cualquier momento podía estar entre nosotros. Era exactamente como si mis alumnos supieran que eso me enojaba más que casi ninguna otra cosa. Además, cuando miro hacia atrás, me parece que lo más extraordinario de todo es el simple hecho de que, a pesar de mi tensión y de su triunfo, nunca me hicieran perder la paciencia. ¡En verdad debían ser adorables, me digo ahora, para no odiarlos en aquellos días! No obstante, ¿me habría traicionado la desesperación si el alivio se hubiera demorado demasiado? Poco importa, pues llegó el alivio. Lo llamo alivio, aunque solo fue el alivio que procura una bofetada a la histeria o el estallido de la tormenta a un día sofocante. Por lo menos fue un cambio y llegó como una exhalación.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker