Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Aquella tarde llegué a escribir el comienzo. El tiempo habÃa cambiado, fuera soplaba un fuerte viento y bajo la lámpara de mi cuarto, con Flora tranquila a mi lado, pasé largo rato sentada ante la hoja de papel en blanco, oyendo el repiqueteo de la lluvia y el azote de la ventolera. Al final, salà con una vela; crucé el pasillo y escuché un momento en la puerta de Miles. Dominada por mi persistente obsesión, me sentÃa impelida a buscar algo que delatara que no estaba descansando, y en seguida percibà algo, pero no lo que yo esperaba. Su voz tintineó:
—Sé que está ahà fuera. Entre.
Fue una alegrÃa en medio de las tinieblas.
Entré con mi luz y lo encontré en la cama, bien despierto, pero muy a sus anchas.
—Bueno, ¿para qué se ha levantado? —preguntó con graciosa cordialidad, en la que la señora Grose, de haber estado presente, hubiera buscado en vano la prueba de que algo habÃa «terminado».
Me incliné sobre él con mi vela.
—¿Cómo sabÃas que estaba ahà fuera?
—Pues, claro está, porque la he oÃdo. ¿Es que se imagina que no hace ruido? ¡Es como un escuadrón de caballerÃa! —dijo y se rio alegremente.
—Luego, no dormÃas.
—¡No mucho! Estaba despierto y pensaba.
