Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Pero no añadà —de momento— que mi carta, cerrada y con la dirección puesta, seguÃa en mi bolsillo. Tiempo habrÃa para enviarla antes de que el mensajero fuese a la aldea. En tanto, habÃa transcurrido una semana brillante y ejemplar por parte de mis alumnos. Era como si ambos estuvieran decididos a paliar todas las pequeñas fricciones recientes. Resolvieron los más audaces ejercicios de aritmética, elevándose muy por encima de mis escasos conocimientos, y llevaron a cabo, con mejor humor que nunca, parodias sobre geografÃa e historia. Fue absolutamente notable, sobre todo en el caso de Miles, que parecÃa querer demostrar con cuánta facilidad podÃa sobrepasarme. En mi memoria, este niño realmente pervive en un escenario de belleza y dolor que las palabras no pueden describir; poseÃa una distinción que se manifestaba en cada uno de sus impulsos; nunca ha existido una criatura tan natural, tan franca e inteligente para los ojos no iniciados, un caballerito más ingenioso y extraordinario. Constantemente tenÃa que prevenirme contra el arrobo con que me traicionaba su mera contemplación; para dominar la mirada y los suspiros de desánimo con que constantemente, a la vez, asaltaba y renunciaba al enigma de lo que semejante caballerito podÃa haber hecho que fuera merecedor de castigo. Digamos que por un oscuro prodigio, que yo conocÃa, se le habÃa despertado la imaginación hacia todo lo malo; pero mi sentido interior de la justicia padecÃa mientras buscaba la prueba de que eso se hubiera concretado en hechos.