Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca De todas formas, nunca había sido tan caballeroso como cuando, después de la temprana comida de aquel pavoroso día, dio la vuelta alrededor de la mesa hasta donde yo estaba y me preguntó si no me gustaría que tocara para mí durante una hora. Ni David interpretando para Saúl debió demostrar un mayor sentido de la oportunidad. Fue, literalmente, una encantadora demostración de tacto, de magnanimidad, la que se permitió al decirme:
—Los verdaderos caballeros, sobre los que nos gusta leer, nunca se aprovechan demasiado de las ventajas. Ahora sé lo que usted quiere decir: usted quiere decir que, para que la dejen sola y no ser perseguida, dejará de preocuparse por mí y de espiarme, dejará de tenerme a su lado, y me dejará ir y venir por mi cuenta. Pues bien, yo «vengo», ¡pero no me voy! Tiempo habrá de sobra para eso. Verdaderamente estoy encantado con su compañía y solo quiero demostrarle que solo he luchado por una cuestión de principios.